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Tres vidas, una sola convicción: la docencia

9 de Septiembre de 2020

Descripción
  •                                                       Tres vidas, una sola convicción: la docencia

    • Son mujeres y hombres que ponen en alto su amada profesión.

    • Para llegar a atender a sus alumnos caminan a pie, kilómetros tras kilómetros.

    • También viajan en motocicleta o cruzan caudalosos ríos sobre frágiles canoas.

     

    Olancho, 08 de septiembre de 2020. Allá lejos de la ciudad capital, en Las zonas más postergadas del basto departamento de Olancho, tres docentes hacen honor a su profesión.

    Y es que los centros educativos donde imparten el pan del saber se encuentran en  comunidades lejanas, pero no es impedimento para que cumplan con su trabajo aún en tiempos de pandemia.

    Las historias de estos tres profesionales de la enseñanza fueron compartidas a través de las redes sociales de la Secretaría de Educación recibiendo mensajes positivos de parte de la población hondureña.

                                                                                                     No importa el riesgo

    Dos veces por semana Ana Lourdes Lobo Acosta, abandona la comodidad de su hogar para encaminarse hacia la aldea El Naranjal, donde ejerce la labor de maestra unidocente.

    Son 16 alumnos, de primero a sexto grado, los que fueron matriculados este año en la Escuela Rural José Cecilio Del Valle de la lejana comunidad y que están a cargo de Lobo Acosta.

    En su travesía rumbo a la escuela, la maestra debe cruzar una quebrada, exponiéndose a ser arrastrada por la fuerza de las corrientes, ya que  cruza las aguas apoyada nada más en sus piernas y las oraciones que eleva antes de salir de casa.

                                                                                                          Recompensa

    Su jornada inicia a las 8:00 de la mañana, y concluye a las 2:00 de la tarde, que es cuando regresa a su vivienda para reencontrarse con su familia.

    “Mi satisfacción al correr riesgos y exponerme es el compromiso que tengo como docente siendo el canal funcional del proceso educativo, llegando a mis alumnos, visitándoles casa a casa”, afirmó.

    La educadora mencionó con satisfacción que su principal recompensa es ver la alegría con la que sus alumnos le reciben y el progreso que alcanzan en el proceso enseñanza aprendizaje.

                                                                                                         Con hijo en brazos

    Otra de las historias ejemplares, es la de María Bu Hernández, docente originaria de Santa María del Carbón quien labora en el Centro Educativo Rubén Darío, ubicado en la aldea La Bolsa de Río Abajo, en San Esteban, Olancho.

    La maestra decidida a cumplir con su labor, luego de recibir los cuadernos de trabajo que elaboró la Secretaría de Educación para los alumnos que no tienen acceso a tecnología, sin dudar cargó en brazos a su hijo, de año y medio, y emprendió camino hacia su centro de enseñanza. 

    Para lograr su cometido Hernández viajó en motocicleta durante una hora, sosteniendo a su pequeño en el pecho, para luego subirse a una canoa por espacio de 10 minutos tiempo que le toma cruzar un caudaloso río.

    De esta manera, la abnegada docente, logró llegar casa por casa, siguiendo el protocolo de bioseguridad, con la finalidad de entregar el material educativo a sus 47 estudiantes que conforman la matrícula de primero a sexto grado.

    “Para mí, es un placer porque lo hago por amor a los niños y no lo veo como un sacrificio”, manifestó la educadora.

    A su vez, agradeció a las autoridades de la Secretaría de Educación por dotarles de cuadernos de trabajo para atender a los estudiantes en zonas de difícil acceso a la conectividad.

    Al tiempo que invitó a los docentes para seguir luchando por la educación de los niños y niñas en el país.

    La historia de retos y sacrificio de estos héroes de la educación también la escribe el docente Waly Oriel Alvarado Meza, quien a bordo de su motocicleta recorre una hora con 30 minutos hasta llegar al caserío El Chile, en el municipio de Esquipulas del Norte, Olancho.

    Los alumnos de la Escuela Gylian Guifarro de Gómez, 15 en total, son los educandos por los que en los últimos cinco años, se ha sacrificado Alvarado Meza.

    “Cuando no tengo motocicleta son de cinco a seis horas las que me tocan caminar a pie, para llegar al lugar, tengo que cruzar también un río y de esa manera  atender a mis estudiantes”, expresó.

    Para estos aguerridos y entregados maestros nuestro reconocimiento, pues hacen de su profesión una noble y valiosa labor.


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